martes, mayo 22, 2012

Colectivos creativos



No hay espacio más público que el de un colectivo atravesando la ciudad de punta a punta, recorriendo barrios e historias en su fatigado trajinar urbano. En la ciudad y el conurbano, seis de cada diez personas se mueve en transporte público, y el 74% elije al colectivo. Es definitivamente mucha gente. ¿Podemos pensar un sistema de transporte más creativo y humano? Los colectivos representan un espacio fascinante y todavía virgen para plantear una concepción más humana del espacio público. Acá también se define la construcción de una ciudad más creativa. Comparto algunas ideas garabateadas hace tiempo en el 92 y recuperadas en una noche de insomnio. 

Ponerse la camiseta

Tuve la oportunidad de visitar un par de veces la ciudad de Medellín (Colombia) y quedé gratamente sorprendido por la calidad de su metro. El sistema se distingue, entre otras cosas, por el desarrollo del metrocable, que permite conectar a poblaciones aisladas generando verdadera inclusión social. De todos, lo que más llamó mi atención fue el apego de los ciudadanos por su transporte público. La usuarios parecen estar orgullosos de la calidad del metro y lo retribuyen cuidando las instalaciones (es tal el fanatismo que hay quien asegura el sistema tiene su propia canción: el himno al metro).

¿Por qué no pensar en generar un vínculo similar entre las líneas de colectivos y las personas a quienes transportan todos los días? Podrían implementarse concursos para los viajeros, tarjetas de fidelización para pasajeros frecuentes y cuentas de Twitter para proveer información actualizada. También podría fomentarse la identificación de las personas con alguna línea en particular. Si la gente es capaz de hinchar por Ford o Chevrolet en una carrera de TC sin duda podría hacerlo por el bondi que lo transporta todos los días. Aparece también la oportunidad de revalorizar la figura de los choferes. ¿Qué historias esconden? ¿Hay de formar de premiar a los más amables? ¿Por qué no saludarlos por su nombre?

Un espacio enriquecido

Hace tiempo twitee una idea sencilla: ¿por qué no pintar el interior de los techos de los colectivos? El espacio está ahí, disponible, y claramente desaprovechado. ¿Artistas callejeros tuneando los bondis? ¿Poemas cortos y haikus? El espacio público tiene que interpelarnos, provocarnos, sorprendernos y aquí tenemos una interesante oportunidad.

La otra variante, también muy necesaria, es darle a ese lienzo un fin utilitario. El año pasado el CMD participó del proyecto "ciudad legible" del Instituto para la Ciudad en Movimiento que busca generar información útil para el pasajero partiendo de la idea de pensar al sistema como a una red. Es absurdo que los colectivos no ofrezcan ni siquiera la información más elemental sobre sus recorridos dentro de las unidades, y ni hablar de la posibilidad de incluir el contexto (otras líneas, lugares destacados, etc.).

Vivir la experiencia

Aparentemente está prohibida la música ambulante en los colectivos porteños. Me parece el colmo del sinsentido. En el metro londinense los músicos tienen puestos asignados en las estaciones para entretener a los pasajeros. ¿Por qué no generar algún esquema ambulante y a la gorra pero con algún apoyo mínimo desde el Estado? Hacer agradable nuestro viaje es también un servicio público.

La interactividad con los usuarios abre un mundo de posibilidades. ¿Jugar a través del celular contra otros pasajeros? Cada viajero tiene su historia y quizás a algunos les interese compartirla (KLM, por ejemplo, está implementando el sistema "Meet & Seat" en algunos tramos aéreos). 

Proyectos geniales como Chicas Bondi o Colectivaizeishon demuestran que hay infinitas historias ahí afuera y, sobre todo, gente con ganas de escucharlas. Abro este espacio para quien tenga ganas de compartir ideas o sugerencias para construir, entre todos, un mejor sistema de transporte colectivo.

(La foto que ilustra el post es de los amigos de El Sol de San Telmo, quienes también tienen un sueño bondi: Que el fileteado vuelva a nuestros colectivos).

martes, mayo 08, 2012

Gastronomía emotiva

Mercado de Villa de Leyva (Colombia)

Vuelvo cada tanto a la gastronomía creativa sin saciar nunca el apetito por la novedad, por las sorpresas escondidas en los pliegues de estos tiempos tan cambiantes. Somos lo que comemos pero también cómo comemos. Comparto entonces algunas ideas recientes sobre estos temas tan sabrosos.


La ciudad paladeada 

Los alimentos y la urbe se vinculan de las formas más variadas. A la sombra de la urgencia de supermercado está surgiendo (resurgiendo) el placer de comprar en un mercado (de hecho, en algunos lugares ya están al borde de saturarse). Buscamos emociones, la conexión con lo auténtico y estamos dispuestos a pagar más y a invertir más tiempo por el privilegio de un contacto personal con quien nos provee de vituallas.

Desde el asfalto tendemos a mitificar el campo y eso quizás nos termine llevando a un mayor encuentro entre la ciudad y extramuros. En Nueva York, por ejemplo, las granjas de las afueras colaboran con bancos de alimentos sociales:
Farmers are teaming up with New York state food banks to bring gleaned foods to those in need, making the most of grown nutrition and reducing food waste generated at the farm level. The Cornell Gleaning Project hopes to increase the amount of food donations by gleaning food left behind in fields or storage because of cosmetic blemishes or lack of market for a particular crop. 
Recrear los lazos comunitarios es también una forma de nostalgia. Vale la pena detenerse en el caso de Gooble, una red social para encontrar y disfrutar de las creaciones de chefs en el barrio:
Gobble, based in Palo Alto, is a peer-to-peer marketplace for home-cooked meals from neighborhood chefs. Similar to the UK model that we mentioned last year, Gobble-vetted Bay Area Chefs create, post and price their meals for neighborhood eaters to browse. Chefs cook fresh ingredients based on every order, sometimes sourcing food from their own gardens. The marketplace offers chefs an opportunity to earn a supplemental income stream or a full time living. Each chef is responsible for complying with federal, state, county or local laws surrounding what kind of food can be served. Gobble takes an undisclosed percentage of each meal and a flat delivery rate.  
Estar cerca, saber qué comemos, entender la historia. Al estómago lo gobiernan cada vez más las emociones. La gastronomía puede ser también un estímulo negativo muy interesante en términos emocionales, tal como lo demuestra el proyecto Smog Tasting en Bangalore (India), que busca generar conciencia sobre los daños al medioambiente ofreciendo postres hechos con el aire de la ciudad:

Their exhibit, called Smog Tasting, begins with egg whites--the delicious foamy, crunchy goodness that makes up meringues, soufflés and countless other dessert treats. The water-loving proteins in egg whites dry out as air is whipped in, and the proteins link up to make airy molecular cages. "Smog Tasting grew out of this idea of using food as a biosensor," Denfeld says. "If egg foams are a way of capturing air, could we capture air pollution as well? This could be a way of calling attention to the problem."


Tecnología para conectar

Un restaurante permite a los clientes comentar el menú en tiempo real, convirtiendo la experiencia gastronómica en ultrasocial. Otra aplicación nos hace a todos potenciales chefs, develando la alquimia escondida detrás de las mezclas en la cocina. Otra más permite compartir una dieta en las redes sociales para que todos opinen sobre la misma (sumando, de paso, incentivos para mantener la línea a través de la lógica de los videojuegos o gamification). Está claro que la tecnología puede aislarnos pero también conectarnos de formas insospechadas hasta hace muy poco tiempo.



The Eatery: Massive Health Experiment #01 from Massive Health on Vimeo.


Un lento despertar


Ante el auge del consumismo en las ciudades aparecen alternativas más saludables. Boxcar, por ejemplo, pretende llevar comida orgánica local al quiosco de la esquina. En la misma dirección puede leerse el éxito de WholeFoods en Estados Unidos, con una propuesta fuertemente basada en ofrecer experiencias únicas, auténticas y bien informadas. Y gracias a Farm to Baby hasta los bebes pueden optar por una papilla mejor para su salud. Hay cada vez más opciones a disposición pero probablemente haga falta mucha educación para mejorar nuestros hábitos. ¿Cuándo tendremos nuestro propio Jamie Oliver?



Farm to Baby

martes, mayo 01, 2012

El alma de las cosas


Una de las tendencias recientes más interesantes en el campo de las industrias creativas tiene que ver con la metamorfosis que están sufriendo los objetos que nos rodean. El creciente auge de la impresión 3D gracias, entre otras razones, al abaratamiento del hardware, ha ido consolidando una comunidad global de usuarios unidos en su afán de experimentación. En una nueva vuelta de tuerca iluminista de pronto podemos crear objetos de formas inimaginables hasta hace muy poco tiempo. 

Vale la pena leer "The shape of things to come" en el Economist. La tecnología nos lleva cada vez más cerca de la naturaleza, y en el medio tiene el potencial de disparar una nueva revolución industrial:

Additive manufacturing, then, is changing not only how things are made, but what is made. In particular, many of the objects on display had an organic look to them. That is no accident. In some cases, designers have deliberately copied nature. In others, they have started from first principles, drawn conclusions (usually aided by clever software), and found that nature got there first. And in some, the decisions have been aesthetic—presumably reflecting an evolved preference in the human psyche for objects that look natural. 




La historia, por supuesto, es dialéctica. A fines de los 60´s en Estados Unidos la revista Popular Mechanics y las tiendas Radioshack desataron la fiebre del "hágalo usted mismo" en miles de aficionados por la electrónica que luego se propagó por el mundo entero. Ahora, gracias a la explosión de Internet, la ética del DIY está de vuelta. La paradoja siempre estuvo ahí: La tecnología nos devuelve a las raíces, al meter mano, al desarmar los juguetes para ver de qué están hechos. 

"More than just digital quilting", también del Economist, echa luz sobre las bases de este nuevo fenómeno:

The maker movement is both a response to and an outgrowth of digital culture, made possible by the convergence of several trends. New tools and electronic components let people integrate the physical and digital worlds simply and cheaply. Online services and design software make it easy to develop and share digital blueprints. And many people who spend all day manipulating bits on computer screens are rediscovering the pleasure of making physical objects and interacting with other enthusiasts in person, rather than online. Currently the preserve of hobbyists, the maker movement’s impact may be felt much farther afield.

La ética hacker colaborativa está en la raíz del movimiento y es potenciado exponencialmente gracias a la red:

The ease with which designs for physical things can be shared digitally goes a long way towards explaining why the maker movement has already developed a strong culture—its third driver. “If you are not sharing your designs, you are doing it wrong,” says Bre Pettis, the chief executive of MakerBot. Physical space and tools are being shared, too, in the form of common workshops. Some 400 such “hacker spaces” already operate worldwide, according to Hackerspaces.org. Many are organised like artists’ collectives.

Aparece una gran oportunidad para los creativos del mundo entero, quienes ahora pueden compartir instantáneamente sus creaciones y alimentarse, a la vez, de lo que está pasando fuera de sus fronteras. Cmo sucede en cada eslabón de la economía creativa, tendrás más éxito aquellos capaces de abrevar en su propia identidad para "contar historias" únicas, personales.

El sueño de la impresión 3D también engendra monstruos. En "Object cancers" Geoff Manaugh enlaza dos fenómenos interesantes para pensar el futuro del futuro: E dilema de los derechos de autor en los objetos tridimensionales y la aparición de objetos deformados como inesperada respuesta al copyright:


Among many other things about this story, what caught my attention was the specific detail that you could scan any object you happen to have on hand; you could then upload that dataset to a kind of eBay of physibles; and, finally, someone on the other side of the earth—or sitting right next to you—could print out their own "pirate" version. As New Scientist writes, however, we might soon soon see a corporate response in the form of what could be called physible rights management—based on, even repeating, certain aspects of the misguided digital rights management (DRM) policies associated with MP3s.
(...)
In any case, what seems more provocative here, on the level of design, would be to appropriate this protective stance and reuse it in the design of future objects, but emphasizing the other end: to allow for the scanning of any object designed or manufactured, but to insert, in the form of watermarks, small glitches that would only become visible upon reprinting. We could call these object cancers: bulbous, oddly textured, and other dramatically misshapen errors that only appear in 3D-reprinted objects. Chairs with tumors, mutant silverware, misbegotten watches—as if the offspring of industrial reproducibility is a molten world of Dalí-like surrealism.

Me gusta pensar que habrá poesía en esta nueva y rebuscada versión de piratería gracias a la belleza mutante de lo imperfecto.

(Pic que ilustra el post).


martes, abril 17, 2012

Brasil con los pies en la tierra


Abril en Sao Paulo, Campinas y Ribeirão Preto y mayo en Porto Alegre. Vuelvo cada tanto a Brasil. Por supuesto, mucho menos de lo que me gustaría pero lo suficiente como para ser testigo privilegiado del "cambio de época" que está viviendo nuestro país vecino. Como veíamos hace poco en un artículo sobre las características del diseño brasileño, los creativos del país están buscando inspiración en su realidad cotidiana para ofrecer soluciones originales a problemas sociales de larga data.

En la revista digital Ciano, dedicada a reflexionar sin apuro sobre cuestiones afines al diseño, encontré una deliciosa entrevista al Profesor João Bezerra con declaraciones valientes que, de alguna manera, ilustran el compromiso que están asumiendo muchos diseñadores brasileños:

Por isso eu sou um pouco contra essa história de considerar a moda como um campo do design. Nada tenho contra design de vestimenta, design de vestuário. Sou absolutamente a favor. Podemos fazer uma camisa que seja mais confortável, uma capa que respire melhor. Agora, fazer moda, para tornar a coisa obsoleta em pouco tempo? Para quê? Para mexer como essa vaidade individualista de cada um? É complicado. 
Não estou querendo propor aqui goiabeiras de Fidel, nem aquele terninho do Mao Tsé Tung, todo mundo igual. Estou propondo que, dentro do procceso de criação da vestimenta, você saiba o que incomoda na roupa, o que está inadequado, o que é deselegante - e trabalhe na direção de corrigir essas questões. Qualquer um de nós já usou uma calça que apertava onde não devia, um sapato que esquentava demais, uma camisa que não vestia bem. Se for um projeto nesse caminho, de solução de problemas desse tipo, não tenho dúvida nenhuma. Imagina a contribuição que você pode dar ao projeto de vestimenta de um carteiro, por exemplo. Não só a vestimenta, mas também o complemento, não é? Aquela bolsa pesada à beça e carregada de um lado só do corpo! O sujeito é um candidato a ter escoliose. Não tem jeito, ele está forçando muito mais um lado do que o outro. É um complemento que merece a intervenção do design. 
Agora, dependendo do designer, tanto pode ser o complemento de um carteiro, quanto pode ser uma bolsa Dolci&Gabanna de, sei lá, três mil reais. Eu prefiro fazer a do carteiro. Aí é questão de cada um, o gosto e a competência de cada um. Para a bolsa da Dolci&Gabana eu me sinto incompetente.
(...) 
É uma coisa que se deve pensar no design: o direito das pessoas terem uma vida normal. 
Você tem toda essa gama de gente na sociedade: o cara que puxa o carrinho na rua, o jardineiro que fica agachado o tempo todo, o frentista do posto que inala gasolina e álcool o dia todo. A gente tem que olhar para essas pessoas que estão usando produtos, que estão trabalhando e que, muitas vezes, estão sendo prejudicadas por produtos absolutamente inadequados. 
(...) 
E a gente não deve entrar nesse papel de incentivador do consumo compulsivo, por uma questão ética. O viés aí é a postura ética de cada um. Se isso não está contribuindo com nada para a sociedade, e com nada para a vida daqui pra frente, então eu não vou fazer. Para enriquecer uns poucos e prejudicar todo mundo? No mercado, a gente sempre deve se perguntar: estou enganando alguém? Estou a fim de enganar os outros? É isso. Ou eu estou a fim de esclarecer, de contribuir?





En el mismo número de la revista, Felipe Massami arremete contra la obsesión onanista de los diseñadores que desesperan por crear una nueva silla, marcando aquí también la necesidad de trabajar con sentido:

Estranhamente, essa simplicidade tornou-se superestimada. Designers de todo mundo almejam deixar sua marca por meio desse objeto, até parecendo um certificado que atesta a formação desse profissional. Se formos a qualquer premiação, bienal, exposição etc iremos, com total certeza, nos deparar com 127 por Felipe Massami imagens Felipe Massami reavaliando 128 mais uma inovadora, magnífica, estupenda, brilhante, genial cadeira... Sejamos honestos, tendo em vista que o design tem como premissa construir soluções pautadas em conhecimento prévio utilizando-se métodos a fim de chegar em soluções inteligentes para o mais variado problemas, dar-se o luxo de projetar cadeiras é ignorar o potencial que esse campo tem de transformar a realidade, prendendo-se a redundâncias. Já estamos saturados de excelentes designers que realizam maravilhosos projetos de assentos para todos os gostos, poderes aquisitivos, estilos etc. E para esses, devo parabenizá-los pelo trabalho primoroso que realizam. Mas será mesmo que tendo tantos profissionais que se dedicam a isso, é necessário haver outros tantos nesse mesmo caminho? 
O projeto de novas cadeiras, talvez, só se justifique em algumas situações como: quando a cadeira torna-se o meio para determinado fim, como no caso de cooperativas/ ONGS que precisam agregar valor em seus produtos para poder se manter; quando é utilizada como uma plataforma para experimentação de diferentes técnicas e materiais; quando esta se torna o resultante de um novo modelo de produção ou negócio. Pois, uma cadeira por si só, não se "sustenta".



No es casualidad que florezcan en Brasil iniciativas como Design Possível, ONG que impulsa la transformación social a través del diseño. Como contraste de esta tendencia brasileña recomiendo la lectura de la crítica lapidaria de Bryan Bell a la muestra "Foreclosed: Rehousing the American Dream" del MoMA.

Para terminar me atrevo a copiar un texto encontrado en la Ciano de potente actualidad:

We, the undersigned, are graphic designers, photographers and students who have been brought up in a world in which the techniques and apparatus of advertising have persistently been presented to us as the most lucrative, effective and desirable means of using our talents. We have been bombarded with publications devoted to this belief, applauding the work of those who have flogged their skill and imagination to sell such things as: cat food, stomach powders, detergent, hair restorer, striped toothpaste, aftershave lotion, beforeshave lotion, slimming diets, fattening diets, deodorants, fizzy water, cigarettes, roll-ons, pull-ons and slip-ons. By far the greatest effort of those working in the advertising industry are wasted on these trivial purposes, which contribute little or nothing to our national prosperity. In common with an increasing numer of the general public, we have reached a saturation point at which the high pitched scream of consumer selling is no more than sheer noise. We think that there are other things more worth using our skill and experience on. There are signs for streets and buildings, books and periodicals, catalogues, instructional manuals, industrial photography, educational aids, films, television features, scientific and industrial publications and all the other media through which we promote our trade, our education, our culture and our greater awareness of the world. We do not advocatethe abolition of high pressure consumer advertising: this is not feasible. Nor do we want to take any of the fun out of life. But we are proposing a reversal of priorities in favour of the more useful and more lasting forms of communication. We hope that our society will tire of gimmick merchants, status salesmen and hidden persuaders, and that the prior call on our skills will be for worthwhile purposes. With this in mind we propose to share our experience and opinions, and to make them available to colleagues, students and others who may be interested.  

First things first manifesto, 1964
(Pic que ilustra el post)


martes, abril 03, 2012

Las cosas tienen movimiento


La última crisis económica en los países centrales ha puesto en evidencia un fenómeno que se viene consolidando desde hace años como respuesta al consumismo desmedido y gracias a la intermediación de las nuevas tecnologías:  El consumo colaborativo. En esencia, estamos frente a un profundo cambio de hábitos culturales y económicos en torno a la misma naturaleza de los objetos que nos rodean, orientada a valorar el acceso cómodo, barato y confiable a productos y servicios sólo cuando realmente los necesitemos, en contraposición con la acumulación desmesurada de bienes más allá de nuestras posibilidades temporales de agotar su uso. Pueden consultarse aquí y aquí dos muy buenos posts introductorios al tema.

De la mano de esta tendencia los gobiernos van tomando nota sobre un nuevo indicador económico: La felicidad. La paradoja, que sitúa a algunos países francamente pobres en términos de su producto bruto al tope de los rankings globales de felicidad, parece explicarse por una obviedad: Tener no es equivalente a ser feliz (por supuesto, en la medida en que estén cubiertas las necesidades básicas). La desigualdad, medida por la distancia entre el más rico y el más pobre, es también un indicador interesante de la felicidad de los países. Los datos duros confirman la robustez del fenómeno, particularmente en los más jóvenes, y auguran un crecimiento sostenido en los próximos años.  

¿Qué pasa en Argentina? ¿Cómo reacciona nuestra economía creativa ante estos nuevos desafíos? El capítulo local de KitchenParty, el bicing o los nuevos programas para compartir autos apuntan en una dirección interesante (¡aunque todavía nos falta lo mejor!). Está claro que hay terreno fértil en un país que reaccionó de maneras tan imaginativas a la crisis del 2001, refugiándose en la cultura y en la creatividad con propuestas que hoy podrían ser perfectamente encuadradas en el consumo colaborativo.





martes, marzo 20, 2012

El videojuego de tu vida


En el siglo pasado los videojuegos eran tan solo videojuegos y nadie pretendía hacerse más inteligente, atlético o mejor ciudadano por entrarle con ganas a la Atari, Spectrum o Commodore 64 (en mi caso). Después vinieron años de lenta maduración de la industria junto con sus usuarios, todavía geeks, cada vez más entrados en carnes, culposos o no tanto, hasta que finalmente le ganaron a Hollywood y su lógica de puntos, desafíos, niveles y recompensas se metió hasta el tuétano en nuestra vida.


Nike, como siempre, pica en punta. Ya no vende accesorios deportivos sino dispositivos para convertirnos en personajes de un videojuego. La Fuelband promete ponernos a todos a correr para competir con los demás o con nosotros mismos:

The bottom line is that the wristband isn’t just a step counter or even a calorie counter. "We wanted to create a universal currency, so that you always get credit and are aware of how active you are," says Ricky Engelberg, Nike+'s director of user experience. "It’s not about reps or laps. This an index of everything you do." Thus, no matter if you ran one day or played tennis another, the idea is that Fuel will be a universal currency allowing you to see how much you’re progressing towards a bigger goal: physical fitness, rather than just exercise or working out.
(...)
During the day, you can constantly check in with it. That one detail makes the Fuelband not only a gadget, but a game. It means it’s far more likely to nudge your behavior ever so slightly--by say, encouraging you to walk instead of taking the subway, or showing you how far behind you’ve gotten on your goal after watching football for four hours. "It’s about tiny behavior changes," says Engelberg. "Over a week and a month and a year, it adds up." To build in even more motivation, the band and app register streaks--the number of days you’ve hit your goal. The app also allows you to share your goals and streaks via Facebook and Twitter. (Fast Company). 



En la misma línea puede leerse la nueva tarjeta de beneficios para incentivar el uso de las bicicletas que está siendo testeada en Londres:

By introducing the ‘BikeMile’, an ‘Air Mile’ system for bicycles, PleaseCycle allows brands to incentivise cycle journeys with everything from cheaper coffee and cycle gear to lower health insurance premiums. Several major employers are already using the system to gamify commuting to work, offering rewards such as free holiday time or donations to charity. (The Pop-Up City).




La educación es también terreno fértil para estos cruces. En Chicago están impulsando un nuevo formato de escuela con potencial francamente revolucionario:

The middle school, dubbed the “video-game charter school” by locals, opened last September, on the heels of its sister school, New York City’s Quest to Learn. Both use a curriculum based on game theory, design principles, digital media, and “challenge-based learning,” as Salen describes it. Rather than settling for the default view that teaching is a matter of providing the knowledge that will get kids through standardized tests, challenge-based learning drops students into complex problems that they solve—often collaboratively—through a series of missions sequenced over a ten-week period. Challenges typically combine disciplines, such as Digiton’s use of math and English-language arts, and call for complex problem-solving skills, systems thinking, initiative, feedback, and empathy.
(...)
Salen sees a “terrible misalignment” between how kids are being educated in our teach-to-the-test culture and the demands of colleges and workplaces. “Some kids have become excellent at taking tests and at being passive recipients of information: ‘I don’t have to think; the teacher is going to tell me what I need to know to pass the test,’” Salen says. “They’ve never been put in situations where they have to solve problems, think on their own, or be in charge of their own learning. So they go to college or into jobs, and suddenly their manager is asking them to solve something, and they have no skills.” (Metropolis Mag).
También en Singapur están surgiendo ejemplos interesantes en el cruce entre educación y videojuegos.




La tercera edad (¡y hasta la cuarta!) constituye una franja etaria cada vez más importante para nuestras sociedades. Vivimos más tiempo y queremos hacerlo bien. Aparentemente los videojuegos pueden darnos una mano en esta materia:


It's that last item that most interests psychologists Anne McLaughlin and Jason Allaire at North Carolina State University. The duo are part of a team that was just awarded $1.2 million from the National Science Foundation to fund a four-year study of cognitive decline in the elderly — specifically, whether playing certain video games might help slow the effects of aging. The theory is that the strategy, memory and problem-solving skills necessary for mastering certain games may translate to benefits in the real world, beyond a glowing computer screen. (Time).

martes, marzo 06, 2012

Yo vivo en una ciudad...


Medio mundo (literalmente) vive en ciudades y el diseño tiene algo que decir -y hacer- al respecto. El riesgo, por supuesto, es estirar tanto el concepto de design thinking hasta que deje ser inteligible. De todos modos, son muchos los ejemplos que demuestran el rol positivo del diseño a la hora de encarar los problemas urbanos. 

La mirada: El diseño es, por sobre todo, una disciplina basada en la observación y orientada a la resolución de problemas. La presentación del indio Rohan Shivkuman en What Design Can Do! apuntó justamente a la capacidad de los diseñadores para entender la trama oculta en los pliegues de la ciudad y la sensibilidad para plantear soluciones a escala humana:

Using Dharavi, considered Asia’s largest slum that is located in Mumbai, Shivkumar showed how designers are able to redevelop an area into a sustainable and profitable living environment. Instead of building large shopping malls and business districts, which would force many out of their own homes, by looking at the design of the location and mapping the lives of those living within the community, it is possible to create a thriving community that simply needs a new way of looking at things. Designers need to stop hiding from problems and find ways to face them head on. It’s about going beyond the formal training, asking not only what does it mean to be a designer and what does being a relevant designer mean. Without the ability to find relevance in what is really happening, then as a designer you’re sitting on a surface missing what is truly going on down below.

La emoción: Los diseñadores pueden ayudar a los gobiernos a "conectar" a las personas con las ciudades que habitan, invirtiendo en lo que Peter Kageyama llama "infraestructura del amor":

Yes, we need to pave our streets and fix potholes — but there is more to a city than that. My worry in the current economic/political climate is that we will fixate only on these traditional “essentials,” and in doing so undermine the very thing that is keeping many communities going – the love, affection and loyalty that people have for their places. We need to expand our expectation of “essentials” and include that which speaks to our higher selves, and invest at least a little in beauty, fun and engagement. This does not take lots of money — it takes creativity, imagination, and an awareness of its importance. 
(...)
Ultimately, we need to invest in the “infrastructure of love” because emotions matter. They play a critical role in our decision-making process since they tell us what to value. If we are not emotionally attached to our cities, it shows. And things we don’t value become disposable, so we feel free to walk away from them without a second thought because we have little emotional or other investment in them. When we love someone, we are willing to do more for them, to make sacrifices — we forgive shortcomings and fight for them. Emotions are contagious, and our cities need them now more than ever.

La visión: Por sus cicatrices las ciudades transpiran una energía latente preñada de posibilidades. El diseño puede contribuir a hacer realidad esos futuros deseados. Los espacios vacantes, por ejemplo, están ofreciendo los desafíos más interesantes, tal como demuestran el Dutch Atlas of Vacancy, el proyecto Popuhood, Depave, 3Spaceo la proliferación de huertos urbanos. Vale la pena citar a Manu Fernández en el mismo post mencionado antes:

Con la que tenemos encima, más nos vale aprender a hacer de la ciudad un espacio flexible, liberador más que recortador de usos, expresiones y actividades. Son, por ejemplo, una buena alternativa para dar usos (transitorios o permanentes) a solares vacíos. Urbanismo adaptativo. Son, por ejemplo, una forma de expresión y organización comunitaria, y quizá son tiempos para ello. Urbanismo adaptativo. Son, por ejemplo, una vía para empezar a entender el sistema de producción y distribución alimentaria de otra manera. Son, como bien sugiere Jordi en una buena propuesta, alternativas para la implicación ciudadana en la ciudad.

Buenos Aires tiene una saludable base de diseñadores y una escena acostumbrada a desarrollarse en contextos de crisis recurrentes. Quizás sea hora de emular proyectos como ExpoTENtial para aprovechar esa energía creativa:

Conceived by Laetitia Wolff, "ExpoTENtial, 10 urban interventions x 10 design labs" is a multi-dimensional, curated platform/festival that seeks to foster NY design communityʼs engagement with the city by investigating ideas for a slower (yes), smarter, livelier, healthier urban experience. The labs focus on a selection of complex, pressing and sustainability-related challenges (food systems, climate change, transportation, energy efficiency, recycling, information overload, etc), using the city as a context for design and design as a specific point of view.
(pic)